Casi simultáneamente al alejamiento del general Belgrano del territorio misionero, tras su fracasada expedición al Paraguay, su gobernador Tomás de Rocamora será relevado de su cargo, abandonando la provincia a fines de mayo de 1811. Al no nombrársele sucesor, la provincia de Misiones, con el departamento de Candelaria ocupado por los paraguayos y reducida por los hechos a sólo 10 pueblos, será gobernada momentáneamente por sus dos subdelegados: Celedonio José del Castillo en el departamento de Concepción y Bernardo Pérez Planes en el de Yapeyú, subordinados directamente a la autoridad de Buenos Aires.
En octubre, cuando a raíz del tratado firmado con el virrey Elío, las tropas enviadas a la Banda Oriental deben abandonar dicho territorio, el gobierno porteño encuentra oportuno restablecer la tenencia del gobierno del departamento de Yapeyú. Por cuya razón el 15 de noviembre nombra al Señor Coronel Don José Artigas para el correspondiente desempeño de aquella Jurisdicción Real y Militar Teniente Gobernador Justicia Mayor y Capitán del expresado Departamento y sus partidos, situando su residencia en Santo Tomé.
Desde su cuartel general, el 10 de diciembre Artigas comunicará al Corregidor y Cabildo de Santo Tomé, pueblo en el que debía fijar su residencia y que de hecho se había convertido en la nueva capital misionera, su designación como Teniente Gobernador, disponiendo que la misma debía ser trasladada a los Jefes militares y cuerpos municipales de los demás pueblos.
Como Teniente Gobernador del departamento de Yapeyú en los hechos lo era también de toda la Provincia, le corresponderá a Artigas la aprobación de las elecciones de los cabildos del departamento de Concepción las que, como en los otros pueblos, se seguían realizando anualmente según la antigua costumbre colonial.
Durante su gestión como gobernante misionero, Artigas no tuvo oportunidad de trasladarse ni de conocer Santo Tomé, pueblo donde se había fijado su residencia. De hecho Salto Chico, en lo que hoy es la localidad entrerriana de Concordia y a 50 km aproximadamente de la incipiente población de Mandisoví, se convertirá transitoriamente en la capital misionera.
Manuel Belgrano, que ya en su Reglamento para los naturales misioneros encontraba indispensable que se levante un cuerpo de milicias, aprovechará su estadía, antes de retirarse en abril de 1811, para impulsar la formación de estos cuerpos, los que siguiendo sus indicaciones, fueron colocados bajo el mando de los corregidores que con el grado de capitán, actuarían como comandantes de las mismas.
Bajo la gestión de José Artigas estos cuerpos recibirán un nuevo impulso, convirtiéndose posteriormente en los más fieles seguidores del jefe oriental y de sus ideas.
Entre las diversas acciones llevadas a cabo en defensa de la frontera oriental, merece destacarse el rechazo que, el 26 de marzo, se realizó en Yapeyú a una intentona portuguesa de tomar la referida población.
En junio, el Brigadier Chagas tratará nuevamente de incursionar en la zona, esta vez dispuesto a atacar La Cruz. Un oficio remitido por Elías Galván, recientemente llegado con sus tropas correntinas, en el cual le comunica la suspensión de las hostilidades como consecuencia de las negociaciones entabladas entre la Corte portuguesa y el gobierno de Buenos Aires, lo detendrá en la intentona.
Habiendo llegado al territorio misionero las solicitadas tropas correntinas para auxiliar a las fuerzas de Concepción y de Yapeyú, al mando del teniente de gobernador de Corrientes don Elías Galván, Artigas decide, el 22 de mayo, en mérito a su rango, nombrarlo Comandante General de aquellas Armas.
Luego de firmado el 24 de mayo el tratado Rademaker-Herrera, que contemplaba el cese de hostilidades con Portugal y la evacuación de las tropas del general Diego de Souza la presencia del caudillo oriental en territorio misionero no será ya necesaria, y es así que éste retornará a su patria con su tropa para, posteriormente, incorporarse al 2º sitio de Montevideo.
Se nombrará el 16 de agosto a Elías Galván Teniente Gobernador de todos los pueblos de Misiones.
El abandono de Artigas del 2º sitio de Montevideo, a principios de 1814, significará en los hechos, su ruptura con el Gobierno de Buenos Aires. El subdelegado del departamento de Candelaria, el paraguayo Vicente Antonio Matiauda, desobedeciendo órdenes de su gobierno y aliándose a Artigas, invade el departamento de Concepción en marzo de 1814. Posteriormente, uniéndose a las tropas de Blás Basualdo, el 19 de marzo derrotan en La Cruz al teniente de gobernador Bernardo Pérez Planes, quien terminará siendo ajusticiado en Belen el día 30.
Como resultado de estas acciones, la Provincia de Misiones pasará a ser parte integrante de la Liga de los Pueblos Libres, quedando a cargo de su gobierno Blás Basualdo..
Los confusos acontecimiento que se sucedieron con posterioridad el pronunciamiento correntino a favor de Buenos Aires, así como la ocupación de Arroyo de la China y el Salto por las tropas directoriales, decidieron a Matiauda, a cambiar de bando. El 19 de septiembre será nombrado por el Comandante Blás Pico, Gobernador Interino del departamento de Yapeyú y luego por el propio Directorio: Coronel graduado y Teniente Gobernador de los Pueblos Misioneros. Por las fechas, vemos que este nombramiento dejaba sin efecto al anterior decreto del 10 de septiembre, llamado también decreto Posadas, por el cual, al crearse la provincia de Corrientes, se incorporaban a la misma los pueblos de Misiones.
Mientras Matiauda, que en ningún momento tuvo conocimiento del decreto del 10 de septiembre y quedaba gobernando la Provincia subordinado a las autoridades de Buenos Aires, el entonces subdelegado del departamento de Concepción, Gregorio Rodríguez, sí tendrá conocimiento del mismo por medio del Cabildo de Corrientes. Aceptará subordinarse a la autoridad correntina, dando lugar a una confusa situación que por poco tiempo vivirá Misiones: por un lado Matiauda, revestido por el propio Directorio con el cargo de Teniente Gobernador de los pueblos de Misiones, actuando bajo las órdenes del gobierno central, y por el otro su subordinado Rodríguez, obedeciendo a Corrientes, con la promesa de ser reconocido por Comandante General Político y Militar de los departamentos de Concepción y Yapeyú
Esta contradictoria situación no se aclarará ni durará mucho tiempo: los sucesos se desarrollarán precipitadamente y la situación volverá a cambiar totalmente; esta vez en favor de Artigas. Tanto Matiauda como Rodríguez no se podrán acomodar a las nuevas circunstancias, y los paraguayos invadirán el departamento de Concepción tomando prisioneros a ambos.
Andrés Artigas
Comandante General de Misiones
La derrota de Perugorría por las tropas de Blás Basualdo, el 24 de diciembre de 1814, en la Provincia de Corrientes, más la posterior victoria de Rivera sobre las fuerzas directoriales en Guayabos, el 10 de enero de 1815 en la Banda Oriental, determinarán y consolidarán la llamada Liga de los Pueblos Libres.
Esta institución de hecho ya que no hubo pacto que le diera caracter jurídico, de la que participarán la Banda Oriental, las provincias del Litoral: Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y Misiones, y momentáneamente Córdoba, reconocerá al caudillo oriental José Artigas como su Protector. Basada en un sistema confederal de gobierno, no implicó de ninguna manera un intento de secesión de las otras provincias del Río de la Plata, pero sí desconocimiento y enfrentamiento por más de un lustro con las autoridades del Directorio.
Desengañado Artigas por la actitud neutralista del Paraguay y por la situación en que habían quedado los pueblos misioneros luego de los turbulentos sucesos del año 14, creyó oportuno nombrar Comandante General de Misiones a una persona capaz, de su entera confianza, que compenetrado de su ideario pacificase los pueblos, restableciese los derechos de los naturales y tratase de recuperar la integridad perdida, para que Misiones como una Provincia más de la Liga, contribuyese junto con sus hermanas a afianzar el sistema. Para ello,tenía un instrumento maravillosamente idóneo para ese papel: el tape misionero, Andrés Guacurarí, su hijo adoptivo, a quien como tal había criado y educado, permitiéndole incluso usar su apellido.
Originario de San Borja, Andresito nació un 30 de noviembre, de 1778 según algunos autores, cerca de 1783, conforme a otros. Joven se agregó al entorno de José Artigas quien, posteriormente, lo adoptará como su hijo, alrededor de 1796, cuando el caudillo oriental recorría el lejano norte de la banda oriental. Sabía leer y escribir correctamente y su instrucción nada común para la época se completará cuando, siguiendo a su padre adoptivo, se incorpore al Cuerpo de Blandengues, donde adquirirá la experiencia necesaria para un día, impensadamente, volver a su provincia natal a gobernarla.
En marzo de 1815, Andresito, con un corto número de tropa, acompañado de su secretario y capellán, el franciscano Fray José Acevedo, sin contratiempos y con el beneplácito de sus connaturales, se instalará en Santo Tomé. Al poco tiempo, en abril, tendrá ya recuperados los pueblos del departamento de Concepción, que habían quedado ocupados por los paraguayos desde su invasión a fines de 1814. Dispuso, en los mismos, la realización de asambleas electorales, en las cuales, por mayoría de votos fueran elegidos los diputados a ser enviados al Congreso de Oriente o Arroyo de la China, convocado por Artigas.
Se inicia de esta manera el llamado periodo artiguista en la historia misionera, en la cual la figura de Teniente Gobernador es reemplazada por la de Comandante General, más apropiada para un pueblo en armas y en la que sus gobernantes serán sus naturales guaraníes. Desaparecerán las figuras de los subdelegados departamentales y serán revalorizados los caudillos que, con los Corregidores-Comandantes, jugarán un importante papel en esta etapa.
El nombramiento de Andrés Artigas como Comandante General de Misiones no estuvo limitado únicamente a los 10 pueblos de los departamentos de Yapeyú y Concepción, que hasta ese momento habían estado sujetos a las autoridades de Buenos Aires, sino también a los pueblos del departamento de Candelaria que, desde 1811, estaban bajo custodia del gobierno de Asunción. Ya a fines de mayo de 1815, el Comandante de las Misiones Orientales, en poder de los portugueses desde 1801, informaba tal circunstancia a sus superiores, oficiando que Andresito había sido enviado como Tenente Governador ou Comandante Geral do territorios e Povos Guaraníes entre o Uruguay e Paraná. Es por ello que la orden enviada por el Protector de los Pueblos Libres al comandante guaraní el 16 de julio “apure usted al Paraguay a ver si dejan libre al pueblo de Candelaria y ellos repasan el Paraná que es la línea de su demarcación”, no era una situación circunstancial motivada por el reciente rompimiento con esa provincia, sino que se apoyaba en una realidad geopolítica heredada del tratado del 12 de octubre de 1811.
Luego de su fracasada expedición, desde el punto de vista militar, y tras el estallido revolucionario en el Paraguay, Belgrano firmó un tratado por el cual, en su artículo 4º, se otorgaba a Asunción la custodia del departamento de Candelaria, hasta que el Congreso resolviera la demarcación definitiva.
Ya en septiembre de 1812, Manuel de Sarratea, desde Salto Chico, en un informe reservado al gobierno de Buenos Aires, consciente que la posesión de los paraguayos de Candelaria era solamente precaria y no les confieren las convenciones de los tratados títulos de legitimidad, consideraba que lo más conveniente era ordenar al Teniente Gobernador de Misiones, que con fuerzas de su mando se posesionase de dicho punto.
Posteriormente, al dictarse el 10 de septiembre de 1814 el llamado decreto Posadas, en relación a la nueva Provincia a crearse con la ciudad de Corrientes y los pueblos de Misiones con sus jurisdicciones respectivas, es interesante notar que se fijará como límites al Norte y el Oeste el Río Paraná, desde la línea divisoria con los dominios portugueses, y determinaba que el gobernador intendente residiría en Candelaria.
Artigas, sin lugar a dudas, estaba en conocimiento de los derechos misioneros sobre Candelaria y de los antecedentes del convenio celebrado; de ahí que la orden dada de obligar a los paraguayos de repasar el Paraná no debe verse como un intento de invasión, sino como el de una legítima recuperación de áreas usurpadas.
Si bien entre los naturales misioneros existía conciencia de que el Tebicuarí era la antigua frontera con el Paraguay, ya sea porque así se había convenido en 1811, o bien porque no se quería repetir la triste experiencia militar de Belgrano, al disponerse el avance y ocupación de Candelaria, no se buscará traspasar el Paraná, el cual de esta manera quedará fijado como límite.
El 25 de agosto, las vanguardias de las tropas misioneras ya habían alcanzado Santo Tomás; en ese punto y en el cercano pueblo de San Carlos, poco a poco se irán concentrando alrededor del medio millar de hombres, comandados por prestigiosos oficiales, que bajo las órdenes de Andrés Artigas, tendrán posteriormente destacada actuación, como Julián Baruyé, Ignacio Mbaybé, Manuel Cayré y Manuel Miño, entre otros.
Ya a principios de agosto, el dictador de Paraguay, Francia, que seguía atentamente los sucesos de la frontera sur, disponía el envío de tropas para reforzarla. A mediados del mes nombraron al capitán José María Isasi como subdelegado de Candelaria, en reemplazo de Francisco Antonio González que había pedido su retiro.
Concentradas las tropas, el 11 de septiembre, desde San Carlos donde se encontraba postrado enfermo, Andrés Artigas, en un último intento de resolver pacíficamente la situación y sin derramamiento de sangre, oficiará al recientemente nombrado comandante de Candelaria José Isasi, invitándole que se le una o deje el departamento, repasando el Paraná con toda su guarnición, pero sin armamento, que ello lo hacía, reiterándole que al otro lado del Paraná es la frontera de la provincia republicana.
El día 12, el caudillo guaraní enviará a Candelaria doscientos cincuenta hombres entre infantería y caballería, al mando del capitán Manuel Miño, con su compañero el padre Fray José Acevedo.
En respuesta al oficio que le habían enviado, el comandante de Candelaria solicitó parlamentar; el padre Acevedo accedió a ello, pero como Isasi pretendía repasar el Paraná con todo su armamento, ante esa exigencia y otras de carácter dilatorio, luego de formarse junta de guerra se determinó atacar. Tres horas de encarnizado fuego duró la batalla y luego de un nuevo parlamento, fue aceptada la rendición de la guarnición que había estado defendida por 300 hombres, con todo su armamento y pertrechos de guerra.
Recuperada la antigua capital de Misiones, no solamente serán ocupados, los restantes pueblos de la margen oriental del Paraná: Santa Ana, Loreto, San Ignacio y Corpus, sino también el vasto espacio que se extendía hasta los límites con Corrientes, en el Santa Lucía, ocupado por los paraguayos desde 1811.
La reacción de Francia no se hará esperar: concentrará tropas en la frontera e intentará pasar a la ofensiva mediante acciones fluviales en el Paraná. A mediados de noviembre la flotilla paraguaya se hallaba frente a Candelaria, pero no obstante el constante hostigamiento que por dos meses mantuvo alerta a las tropas misioneras, así como a las correntinas con las que Andresito había establecido contacto, los paraguayos no pudieron efectuar ningún desembarco, siendo rechazados en los pocos intentos realizados, obligados incluso a abandonar el paso de Trinidad, frente a Corpus.
Es de lamentar que la recuperación de Candelaria, no obstante la prudencia conque se desarrollaron las acciones, precedidas por diplomáticas gestiones, destinadas a evitar el derramamiento de sangre y por ende, a dejar siempre abierto el camino para que la entonces provincia del Paraguay pudiera integrarse al sistema federal preconizado por Artigas, endureció más la postura aislacionista del Dictador Francia quien, ante la ocupación, hablara de sorpresa, traición, iniquidad del jefe fronterizo, seguiría desconfiando de sus vecinos, creyendo que su neutralismo, respecto a los sucesos del Plata, era lo que más convenía a su pueblo. Posiblemente esto haya sido acertado para el Paraguay, aunque no para la causa americana.
En enero de 1816, convencido José Artigas de que el Paraguay lo único que intentaba era incomodarlo y que no iría a repasar el Paraná, ante el movimiento de las tropas portuguesas ordenaba a Andresito que se retirara de Candelaria, dejando en dicho punto al Capitán Miño con alguna tropa de observación, y se situase en Santo Tomé para cubrir desde allí La Cruz y Yapeyú. Para el Comandante General de Misiones una campaña había terminado: la recuperación y defensa de la frontera del Paraná, de la que se retira victorioso; ahora iba a empezar otra, mucho más prolongada, más sangrienta: la lucha con los portugueses, la lucha contra Chagas. |