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Misiones desde 1819 hasta 1870

La prisión de Andresito fue un duro golpe que trajo desazón y desconcierto entre los misioneros, al mismo tiempo que plantearía el problema de su sucesión. Su reemplazo, más los contínuos roces entre misioneros y correntinos suscitados a raíz de la permanencia de las tropas guaraníes en Corrientes un poco anarquizadas desde la ausencia del jefe guaraní, mueven al Protector de los Pueblos Libres a convocar a una reunión en Asunción del Cambay. De esta reunión participarán el Gobernador de Corrientes, Juan Bautista Méndez y los principales jefes guaraníes: Pantaleón Sotelo, Francisco Javier Sití, Blás Uré, Juan Asencio Abiaró, Ignacio Mbaibé y Manuel Cayré, entre otros. Bajo la jefatura de Artigas, que se encontraba en Cambay desde el 28 de agosto de 1819, la reunión buscará conciliar los intereses de ambas partes. La prolongada presencia del caudillo oriental, en la entonces capital misionera, da la pauta de la importancia que revestía resolver no sólo los problemas internos de los misioneros, sino también los de éstos con las provincias limítrofes. En Cambay se determinaron, como puntos importantes: 1º) El retiro de las fuerzas a los destinos respectivos de su dependencia. (Los guaraníes a Misiones, los correntinos a Corrientes). 2º) El reconocimiento como Comandante General Interino de la Provincia de Misiones a don Pantaleón Sotelo. (A partir del 22 de septiembre). 3º) Hacer conocer a los respectivos jefes los límites de sus jurisdicciones. 4º) Un nuevo régimen institucional para la zona entre el Mocoretá y el Yeruá. Un alcalde indio dependiente de Misiones y un Comandante Militar dependiente de Entre Ríos. 5º) Disolución de la Compañía de Niños y su devolución a los padres. Consecuencia inmediata de lo acordado en Cambay fue la normalización de las instituciones políticas y militares, incluso las religiosas, cuando el 4 de noviembre se instituía al cura de Yapeyú, R.P. Domingo Morales, autorizándolo al nombramiento de teniente cura en la jurisdicción de Misiones. El sucesor de Andresito como comandante general de Misiones, Pantaleón Sotelo, era natural de Santo Tomé. El 24 de noviembre el Protector de los Pueblos Libres, con sus distintas divisiones se pondrá en marcha; entre ellas irán las misioneras, que con más de 1.600 hombres habían concurrido a la convocatoria al mando de su Comandante General don Pantaleón Sotelo. Tras unos significativos triunfos en tierra oriental, sobrevendrá en enero de 1820, la derrota de la Quebrada de Belarmino y posteriormente, la fecha más trágica para todos, la del 22, en que las fuerzas artiguistas comandadas por Andrés Latorre, quien tenía por segundos a Pantaleón Sotelo y a Manuel Cayré al mando de las divisiones misioneras que constituían el grueso de la fuerza, son sorprendidas y derrotadas en Tacuarembó donde Sotelo, fue mortalmente herido. Latorre, tuvo oportunidad de escapar y reunirse posteriormente con Artigas. El desastre de Tacuarembó, más la posterior defección de las filas artiguistas de Fructuoso Rivera, marca en cierta medida el principio del fin de la vida pública del Protector de los Pueblos Libres ya que, mientras éste se ve obligado a abandonar la banda oriental derrotado, su lugarteniente Francisco Ramírez triunfaba en Cepeda el 1º de febrero y suscribía el Tratado del Pilar en el cual, al eludir la prosecución de la lucha contra los portugueses e ignorar prácticamente a Misiones, Corrientes y la Banda Oriental, será causa del posterior rompimiento entre Artigas y Ramírez. Para los misioneros, Tacuarembó significó un verdadero genocidio, no sólo de sus principales elementos combativos, oficiales y milicianos, sino también de la “chusma” que siempre acompañaba a las tropas guaraníes, a más de la muerte de Pantaleón Sotelo, que los dejaba nuevamente sin Comandante General. Con la muerte de Pantaleón Sotelo, Misiones había quedado nuevamente sin Comandante General. Dadas las circunstancias, urgía el nombramiento de un sucesor. Entre los experimentados y destacados oficiales que todavía quedaban, se encontraba el también santotomeño Francisco Javier Sití. El 5 de marzo, en el campamento general del Miriñay, próximo a la entonces capital misionera de Nuestra Señora de la Asunción del Cambay, por el voto común de las tropas de la Provincia, éstas aclamarán a Sití como su nuevo Comandante General, nombramiento que a su vez será confirmado por el Cabildo y tendrá la anuencia de Artigas, que había sido llamado para la elección. Deteriorándose día a día las relaciones entre los caudillos Ramírez y Artigas, este último convocó a un congreso en su campamento de la Costa de Ávalos a los jefes militares y representantes políticos de la Banda Oriental, Corrientes y Misiones, para resolver lo más conveniente para sostener la libertad e independencia de estas provincias, contra los enemigos exteriores, en orden a los intereses de la federación. Por Corrientes concurre su gobernador Juan Bautista Méndez y el Alcalde de 2° Voto Domingo Rodríguez Méndez; por Misiones su Comandante General Francisco Javier Sití y en representación del Cabildo Miguel Ariyú, y por la Banda Oriental el Comandante Gorgorio Aguiar y el propio Jefe de los Orientales, José Artigas. De acuerdo al acta celebrada se resolvió: el compromiso de sostener una guerra ofensiva y defensiva por la libertad e independencia de dichas provincias (art. 1°). El jefe de los orientales era reconocido como Protector de su libertad, y quedaba autorizado para decidir de la guerra y de la paz (art. 2°); las tres provincias se comprometían al cumplimiento de sus providencias como Director de la guerra y de la paz (art.3°); que el Director y Protector se comprometía por su parte a no celebrar convenios ni tratados algunos, sin que se asegurase y dejase a salvo la libertad e independencia de las provincias (art.4°); que las provincias no podían ser perjudicadas ni en la libre elección de sus gobiernos, ni en la administración económica, según los principios de la federación (art.5°); que se admitiría bajo estos principios a cualquier otra provincia, hasta la realización de un Congreso General de Provincias (art. 6°). Este acuerdo constituye un testimonio más de que, institucionalmente, Misiones seguía siendo considerada Provincia, lo que posteriormente será negado u olvidado por nuestra historiografía clásica. De un intercambio epistolar recriminatorio se pasa, a principios de junio, a dirimir la controversia por medio de las armas. La lucha que se entabla entre ambos caudillos será breve pero cruenta. Si bien las acciones al principio favorecerán a Artigas, posteriormente Ramírez, que contaba con la ayuda de Buenos Aires, resultará el vencedor. En medio de estas confrontaciones, Sití y los misioneros se adherirán a Ramírez el 25 de julio, firmando posteriormente un acuerdo en Mocoretá, mediante el cual: 1º) Sití y los misioneros, con el territorio de su pertenencia, quedaban subordinados a Ramírez, separados de Artigas y obligados a ayudar a combatir a este último. 2º) Ramírez quedaba encargado de la dirección de ambas provincias, suministrando ayuda y protección a los naturales misioneros quienes, en virtud de la asegurada paz y neutralidad con los portugueses, podrían volver a reconstruir sus abandonados pueblos. 3º), durante 10 años los misioneros no estarían obligados a tomar las armas, salvo en caso de necesidad ante algún enemigo exterior. Mas no todos los misioneros se subordinarán a Ramírez: muchos seguirán permaneciendo leales al Protector de los Pueblos Libres: Perú Cutí, Pablo Aramimbí, Matías Abucú, entre otros, y especialmente la masa ignorada del pueblo. Para Sití, problema constante será el de las deserciones y la desobediencia. Ya sin ninguna oposición interna, a fines de septiembre de 1820 Francisco Ramírez tenía todo el territorio mesopotámico unido bajo su única dirección y mando. A los misioneros los tenía subordinados desde el 28 de julio mediante el Acuerdo de Mocoretá, y a los correntinos los había obligado a aceptar pacíficamente, a partir del 25 de septiembre, la disolución de su Cabildo Gobernador; y a todos, entrerrianos, correntinos y misioneros les había decretado el Bando y los Reglamentos con que quedaba institucionalizada la llamada República Entrerriana, de la que él era el Supremo. Mientras Ramírez afianzaba su autoridad, Sití tendrá cada vez más dificultades para ejercer la suya. La anarquía cundía por todas partes. Aflorarán recelos entre yapeyuanos y cruceños y los naturales concentrados en Yatebú (Loreto) y San Miguel, mayoritariamente paranaenses, sucumbirán a la influencia política y económica de Ramírez. A Sití solamente le quedaban su ejército y la población si bien la más importante, heterogénea de Asunción del Cambay, y la ilusión de repoblar los antiguos y abandonados pueblos. Dispuesto el Supremo Entrerriano a la formación de un nuevo ejército, no solamente solicitará hombres al Comandante General de Misiones, sino que echará sus miras sobre los yerbales misioneros. Tanto Ramírez como Sití, eran conscientes de las posibilidades económicas que se les abría con el control y beneficio de esa fuente de recursos, que en el caso de los guaraníes era el único que les quedaba. A fines de octubre, al mismo tiempo que el entrerriano anunciaba poner en Candelaria el Cuartel General para fomentar los nuevos pueblos, y proteger los beneficios de la yerba, el misionero tenía resuelto marchar con su tropa al punto de San José, con el objeto de poblar aquel pueblo y hacer fabricar yerba. Sití entendía que, derrotado Artigas y no habiendo enemigo a la vista, no correspondía, desprenderse de su tropa. Además, informado de la situación en que se encontraban los pueblos del Alto Paraná, la intromisión constante de comerciantes yerbateros, así como las disposiciones que tomaba Ramírez con respecto a los naturales y al territorio de su mando, se vio obligado a poner en ejecución inmediata su proyecto de repoblamiento de los abandonados pueblos misioneros, uno de los puntos acordados en Mocoretá. Lo que Sití buscaba era lograr que Ramírez no colocase fuerzas de su mando en territorio misionero, ya que le era evidente que si ello ocurría iba a perder la autonomía que había gozado su provincia en tiempos de Artigas. El día 13 de noviembre, Sití se ponía en marcha con su ejército y gran parte del vecindario, quedando en Cambay su comandante corregidor Miguel Javier Ariyú y parte de la población, principalmente yapeyuana. El 14 estaba en San Jorge; desde allí se dirigirá al cura de San Miguel, fray Isidro Sosa, exponiendo sus planes y solicitando su colaboración, teniendo en cuenta que el -padre Domingo Morales no quiso abandonar a sus feligreses yapeyuanos. El 17 estará en Yapeyú, desde donde se dirigirá nuevamente a Ramírez, tratando de hacerle ver la suma necesidad en que se encontraban los nativos, que eran dueños legítimos de su terreno y frutos, y que estas necesidades las podían remediar por la yerba. Al mismo tiempo, previendo una reacción del Supremo Entrerriano aunque lo único que hacía era reclamar lo que se le había prometido, mantenía lo mismo que éste, correspondencia con el brigadier Chagas, que en San Borja seguía atentamente los acontecimientos. Ramírez, alarmado por los informes que le llegaban y no obstante las explicaciones de Sití, decide darle un punto final a esta situación que él consideraba de rebeldía y que obstaculizaba sus planes futuros, por lo que resuelve el envío de fuerzas que ocupando el territorio misionero, que respondía a Sití, le permitiera subordinar totalmente a éste, disponiendo de sus hombres y de los codiciados yerbales. Se calcula en unos 7.000 los naturales que se vieron obligados a emigrar, mayoritariamente entre los portugueses, desde que se entablaron las luchas entre Artigas y Ramírez primeramente, y luego entre este último y Sití, reduciendo la población misionera a un décimo de lo que era en la época de los jesuitas. En cierto sentido el éxodo y dispersión de 1820, por su magnitud y consecuencias, es comparable al de 1817. Alejado Sití del escenario mesopotámico, desde el punto de vista institucional ya no habrá más Comandante General, ni tampoco Provincia de Misiones. Lo que quedaba formaba parte de la llamada República Entrerriana. Ramírez nombrará como Comandante de Asunción del Cambay al capitán Nicolás Cabral y de San Miguel a Félix Aguirre, ambos criollos. Sólo seguirán siendo guaraníes los comandantes de San Roquito, Yatebú (Loreto) y el encargado de los cinco destruidos pueblos del Alto Paraná, Nicolás Aripí. A éste le corresponderá recibir y proteger al sabio francés Amado Bonpland cuando, a mediados de julio, llegue a Misiones. De esta manera Misiones quedaría dividida en tres, una de ella pasaria a formar parte de Entre Rios y la otra correspondiente al departamento de Candelaria se encontraría bajo ocupación del Paraguay y la correspondiente a el nodeste por Brasil hasta la guerra de la triple alianza.