Hasta el trágico suceso de la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), la región misionera no constituía un ámbito de importancia para las políticas de los tres estados que la ocupaban en parte. Ni la Argentina, ni el Paraguay, ni el Brasil habían logrado definiciones precisas respecto de la región. La población del área, por su parte, lejos estaba de interpretar el concepto de pertenencia a un estado nacional determinado. Ríos como el Paraná y el Uruguay no constituían ninguna valla para una población mestiza que desarrollaba una gran movilidad en el área y que se reconocía por una identidad cultural que se entroncaba en la extinguida vida reduccional.
Finalizada la Guerra del Paraguay, los límites y fronteras nacionales quedaron establecidos. El momento coincidió con la consolidación interna de los estados de Argentina, Brasil y Uruguay. Para los sectores políticos dirigentes, “nacionalizar” a la población a partir de un proyecto cultural centralizado y uniforme constituía una prioridad. Más aún en aquellas zonas potencialmente conflictivas desde una perspectiva fronteriza.
A partir de setiembre de 1870 el primer Director Supremo del río de la plata Gervasio Posadas al disponer los limites provinciales, (Misiones pasa a ser Territorio Nacional), anexando cada asentamiento poblacional del mismo a la provincia de Corrientes, pasando los mismos a depender de la gobernacion de la provincia de Corrientes
En este contexto aquel tipo humano y aquella cultura que emergían desde el remoto pasado de las misiones jesuíticas resultaban amenazantes. Los proyectos oficiales de inmigración europea y de desarrollo de un proyecto educativo de carácter nacional, terminaron por desplazar hacia la marginalidad social y cultural a aquel hombre y su modo de ser. El “mencho”, el “tape”, étnicamente nutridos desde del pasado reduccional misionero, portadores de una cultura de raigambre popular con reminiscencias guaraní-misioneras, fue catalogado como símbolo de la “irracionalidad”, del “primitivismo”, de la “superstición”, en fin, de una situación socio-cultural que había que superar y olvidar. A pesar de ello, aquel tipo de hombre y su cultura sobrevivieron al embate cultural e ideológico de los emergentes estados nacionales y aún hoy se muestran con fuerza en la música regional, en la religiosidad popular, y en una variedad de usos y costumbres que impregnan todos los estratos socioculturales de la región misionera. |